La señora ministra de Igualdad (porque es señora ministra y no “la barby enfermera” como la llaman algunos) en una intervención se refirió a “los miembros y miembras de esta comisión”. Se la ha criticado ampliamente y se dice que ha sido un lapsus linguae. Pues yo creo que lo dijo siendo consciente de lo que decía. Lo llevaba escrito y la sonrisilla de su boca la delataba. Pues bien dicho, ole tus ovarios.
Esto se puede ver como una patada al diccionario o como una llamada de atención hacia lo femenino. El lenguaje y el machismo están muy unidos y cualquier feminista lo sabe. Tenemos que acabar con el lenguaje sexista.
Por qué un lenguaje no sexista: porque el lenguaje sexista discrimina, humilla e invisibiliza a las mujeres: excluye a las mujeres o las asocia a valoraciones negativas.
El lenguaje expresa el pensamiento y el pensamiento nos lleva a actuar de una forma u otra. Se actúa de forma sexista porque se habla de forma sexista y se piensa de forma sexista.
El lenguaje es un medio de transmisión cultural, ¿qué cultura queremos transmitir?
Además, la lengua es un reflejo de la sociedad. Una sociedad machista tiene un lenguaje machista.
En defensa de nuestra lengua: tenemos un lenguaje muy rico: palabras masculinas y femeninas, pues utilicémoslas (jefe y jefa, abogado y abogada, concejal y concejala). ¿Alguien ha oído llamar a un enfermero “enfermera”?
También tenemos nombres colectivos y abstractos: alumnado, juventud, humanidad, persona, profesorado…
La lengua es viva, no sólo es la norma, también es el uso. Puede y debe cambiar.